¿Está bien comer animales porque pertenecen a otra especie?

En esta entrada defiendo el veganismo frente a la creencia de que la pertenencia a otra especie es suficiente para justificar nuestras prácticas hacia otros animales.



El argumento que voy a analizar procede de la siguiente manera:


Consumir productos de otros animales está moralmente justificado simplemente porque ellos pertenecen a una especie diferente a la nuestra.


Este argumento plantea que existe una diferencia central que justifica la manera en que tratamos a otros animales: su pertenencia a otras especies.


Existen dos problemas centrales con este argumento:


(I) Esta diferencia no es importante.

(II) Existen similitudes con otros animales que sí son importantes.


Comencemos por (I). ¿Qué significa que un animal pertenezca a otra especie? En biología existen varias nociones sobre lo que caracteriza a los miembros de una especie:


a) Su capacidad de reproducirse entre ellos.

b) Sus características fisiológicas.

c) Su genética.

d) Su parentesco con un antepasado común.


Veamos como ninguna de estas justifica el trato que les damos a los otros animales.


La capacidad reproductiva de un grupo claramente no justifica que podamos apropiarnos de sus productos. Los humanos con sexo masculino no pueden reproducirse con otros hombres, pero esto no significa que unos hombres puedan comerse a otros hombres, o arrebatarles sus pertenencias. Pensar que la capacidad reproductiva juega algún papel en cómo tratamos a otros animales no es una idea muy lejana de ideas como la homofobia o el sexismo.


Es evidente que las características fisiológicas tampoco justifican tratos opresivos. Que un humano tenga cierto tono de piel, color de ojos, estatura, rasgos faciales, etc., no justifica un trato opresivo, ya que estos tratos son racistas y discriminatorios.


La genética tampoco justifica un trato diferenciado. En el caso humano es inmoral discriminar a alguien por tener un material genético distinto al nuestro, ya sea que esto se exprese en un sexo biológico distinto, un tono de piel distinto, capacidades físicas diferentes, capacidades cognitivas distintas, o que no tenga ninguna expresión fenotípica.


Por último, tener un parentesco en común tampoco justifica un trato diferenciado. Sería una locura pensar que el hecho de no tener un parentesco en común justificara que causáramos sufrimiento o humilláramos a otros humanos. Esta idea no dista mucho de la xenofobia. Por otra parte, de acuerdo con la teoría de la evolución todos los animales tenemos un parentesco en común, de manera que la distinción según el parentesco no logra diferenciarnos de los otros animales.


Es decir, ninguna de las características que definen a una especie justifica que consumamos su carne, su piel o alguna otra parte de ellos.

El argumento desde la especie es aún más problemático si consideramos cómo los biólogos entienden las especies.


Varios biólogos, incluido Darwin, consideran que nuestra clasificación del reino animal no corresponde a características inherentes a los animales. En su lugar, consideran que son clasificaciones que los humanos establecemos sobre la naturaleza para poder estudiarla. De la misma manera que dividimos a los humanos en distintas categorías: sexo, edad, estatura, país de nacimiento, lengua materna, etc.


El hecho de que podamos dividir a los humanos en categorías para estudios sociológicos no justifica que los tratemos de manera diferenciada. De la misma manera, el hecho de que podamos dividir a los animales en categorías para estudios biológicos no justifica que los tratemos de manera diferenciada.


Por último, debemos notar que la idea de fondo que representa el argumento de la especie es peligrosa.


Este argumento plantea que existe una diferencia biológica entre los humanos y los animales no humanos, y que esta diferencia justifica un trato diferenciados a los no humanos.


Pero esta estrategia se ha utilizado en otros casos con terribles consecuencias. La pretendida diferencia biológica entre razas humanas se ha usado para defender el racismo. La pretendida diferencia biológica entre sexos se ha usado para defender el sexismo.

Si esta estrategia ha sido rechazada en estos contextos ¿por qué debería ser aceptada en el caso de la especie?


Pero sí hasta ahora no te convencen los problemas de este argumento, pasemos a revisar (II). Es decir, aun cuando la pertenencia a una especie fuera importante, existen similitudes con los otros animales que son más importantes.

Preguntémonos ¿Por qué está mal morder a otros seres humanos? ¿Por qué está mal cortarles los brazos o la piel? ¿Por qué no deberíamos matar a otros seres humanos?

Posibles respuestas son:


i) Porque les produciría dolor.

ii) Porque evitaría que realizaran cosas que desean hacer.

iii) Porque tienen un interés en que esto no suceda.


Veamos que todas estas son características compartidas por muchos animales.

Los otros animales también sufren: emiten sonidos de dolor o actitudes que indican estrés cuando se lastiman y su sistema nervioso responde de maneras similares al nuestro cuando esto ocurre.


Los otros animales también desean hacer cosas: su comportamiento nos muestra que disfrutan de jugar, dormir y comer, y su cerebro reacciona de manera similar al nuestro a estímulos positivos.


Por último, los animales no humanos también tienen intereses: Cuando se sienten amenazados se esconden, mostrando que tienen un interés en vivir. Cuando se lastiman buscan maneras de curarse o reducir el dolor, mostrando que tienen un interés en estar sanos.


Si lo que hace que una acción sea incorrecta es que causa sufrimiento o priva al individuo de la realización de deseos o intereses, y los otros animales pueden sufrir y tener deseos o intereses, entonces es injustificable matarlos, mutilarlos o morderlos.


Mas aún, nadie respondería a la pregunta “¿por qué está mal morder a un ser humano?”, diciendo: “morder a otros seres humanos está mal porque son seres humanos”. Queda claro que son seres humanos, pero la pregunta es “¿por qué está mal hacerles ciertas cosas?” El hecho de que sean seres humanos no explica por qué determinadas acciones son incorrectas, como morder a un ser humano, y otras no lo son, como escuchar u observar a un ser humano.


Esto muestra que la pertenencia a una especie es irrelevante para el consumo de productos de animales no humanos. No consumimos carne humana porque sea humana, sino porque esto provocaría muerte y sufrimiento y porque provocar muerte y sufrimiento está mal.


Concluyo: El hecho de que un animal pertenezca a otra especie no es una diferencia relevante para consumir su cuerpo. Más aún, existen similitudes relevantes con estos animales que ofrecen razones para no consumirlos. Termino así esta entrada.



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