La violencia como opresión y dominación

Actualizado: 4 mar 2021

La violencia es un problema social, ético y político que existe, por lo menos, desde los inicios de las sociedades humanas. Los conflictos bélicos, la cacería y las disputas por el poder son ejemplos de cómo la violencia está presente en las relaciones sociales desde antaño.


Debido a que la violencia es un fenómeno tan antiguo y presente en la sociedad, las reflexiones sobre qué es y cómo combatirla son vastas. Sin embargo, los nuevos retos que presentan las formas en las que se manifiesta la violencia en las sociedades contemporáneas han motivado importantes cambios en su conceptualización.


El análisis clásico de la violencia


En la conceptualización usual se entiende por violencia:


un acto físico, usualmente intencional, por parte de un agente que provoca un daño en una víctima.




Esta conceptualización es útil


(a) para diferenciar actos que no requieren de un análisis desde el discurso de la violencia y


(b) para identificar actos que requieren atención social por ser injustos o éticamente injustificados.


Veamos ejemplos de la primera virtud. Someter a golpes físicos a un animal es un acto claramente violento, mientras que patear una piedra en el camino no lo es. De acuerdo con esta conceptualización, la razón de que uno sea violento y el otro no radica en que el primer acto genera un daño, mientras que la piedra no sufre daño alguno.


Veamos otro ejemplo. Recibir una puñalada en un brazo por otrx humanx es un acto claramente violento, mientras que una intervención dental puede generar dolor y daño en las encías, pero no es un acto violento. De acuerdo con esta conceptualización la diferencia radica en la intención, pues en el primer acto la intención es causar un daño, mientras que en el segundo no hay tal intención.


Ahora pasemos a la segunda virtud. Este concepto nos permite identificar como ‘actos violentos’ a las agresiones físicas por parte del hombre hacia la mujer en un matrimonio, los constantes azotes de los capataces a los esclavos o las prácticas usuales de la ganadería industrial. Esto posibilita la denuncia de prácticas injustas o inmorales llamando así la atención a un problema social que requiere solución.


A pesar de estas virtudes, esta conceptualización no permite explorar las problemáticas sociales contemporáneas.


Hoy en día sabemos que existe la violencia estructural, como la que sufren las mujeres por parte de un estado que no garantiza su seguridad. Esta violencia no tiene un agente humanx identificable, a pesar de que políticxs, servidorxs públicxs, agentes del estado u otras personas la ejerzan muchas veces de manera directa. Esta no es una violencia donde el agente principal es un humanx, pues aún si lxs violentadorxs directxs fueran removidxs, la impunidad, la negligencia y las leyes que la promueven y solapan seguirían ahí. Por otra parte, esta violencia no siempre es intencional. A pesar de que en múltiples ocasiones las víctimas son intencionalmente acalladas e ignoradas, en otras ocasiones las víctimas reportan un sentimiento de impotencia pues incluso cuando las autoridades están de su lado, parece ser el sistema mismo el que impide que esta violencia cese.


También hablamos de violencia discursiva, como la sufren los indígenas al ser insultados por su apariencia física, situación económica, su idioma o su cultura. Esta violencia no es física, pues no siempre va acompañada de golpes o agresiones físicas en general, pero esto no la convierte en un problema social menos grave.


Es decir, necesitamos un concepto de violencia distinto para comprender las nuevas violencias machistas que el movimiento feminista denuncia o la violencia especista que Romina Kachanoski ha identificado


Una nueva conceptualización de la violencia


Para poder entender estos nuevos fenómenos sociales podemos proponer cinco dimensiones de la violencia:


1. El daño.

2. El agente.

3. La víctima.

4. El instrumento.

5. La ética.


La primera dimensión habla del tipo de daño que genera la violencia. En el esquema clásico este debe ser físico, pero en esta nueva conceptualización puede ser mental, emocional, cultural, etc.


La segunda dimensión especifica un agente. Este no tiene que ser un humano, como en el esquema clásico. Puede ser un grupo, una estructura, una ley, un sistema de creencias, una cultura, etc.


La tercera dimensión define a la víctima, en esta se pueden incluir seres sintientes, grupos de estos seres, una cultura, un ecosistema, etc.


La cuarta dimensión establece el instrumento. En el esquema clásico este debe incluir fuerza física, pero en otras conceptualizaciones puede ser un discurso, una ley, una ideología, un sistema económico, etc.


La última dimensión refiere a la ética de la acción violenta. El problema ético de una acción violenta puede ser únicamente que causa daño, pero también que es parte de un sistema de opresión o dominación, que expresa creencias discriminadoras, que sea una acción premeditada o intencional, que sea irrespetuosa, o algún otro problema o especificación que sea pertinente desde el punto de vista ético. Incluso puede ser que la acción a pesar de ser violenta no sea este éticamente injustificada. Por ejemplo, un entrenamiento en defensa personal puede ser violento, pero estar éticamente justificado en la sociedad actual.


Estos cinco elementos nos permiten ampliar el marco desde el cual pensamos y combatimos las distintas violencias. Es al especificar estos elementos que definimos a qué violencia nos referimos y cómo está conformada.



La violencia y el especismo.


Con este marco conceptual genera podemos comprender a cabalidad la violencia causada por la ideología especista. La violencia especista provoca daños físicos y psicológicos en los demás animales, pero esta no es su única característica. La violencia especista es también parte de un sistema de dominación y opresión que la posibilita, potencia y reproduce. La violencia hacia los otrxs animales lxs domina, pues ejerce un poder arbitrario sobre estxs animales y lxs oprime, pues evita que se desarrollen de una manera sana y natural, además de tener la intención explícita de evitar que se expresen como animales.


Esta faceta de la violencia especista como dominación y opresión es usualmente ignorada, pues requiere una reflexión más profunda sobre el especismo, una mayor claridad conceptual sobre los fenómenos involucrados, y una mayor sensibilidad a las víctimas del especismo.


Concluyo, el especismo es una ideología compleja y la violencia que genera tiene muchas caras. Sólo entendiendo estos conceptos apropiadamente podemos entender en qué consisten todas estas problemáticas y cómo dirigir nuestra lucha antiespecista.


Referencias:

Arana, Lucia, Entrevista a Romina Kachanoski enfoc: violencia especista, en Estudios Críticos Animales, Año III, V. I, 2016, pp. 209-233.

Sánchez Vázquez, Adolfo, Filosofía de la Praxis, Siglo XXI, 2011.

Vorojeb, Mark, The concept of violence, Routledge, 2016.

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